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Cruce de los Andes

Cruce de los Andes 

Organización

Entre 1815 y 1816, Mendoza, Argentina se transformó en una especie de fábrica militar y el General nombró como Jefe del Parque de Artillería a Fray Luis Beltrán. Los pobladores cuyanos participaron en la elaboración de pólvora y municiones, aprendieron a fundir cañones, tejer tela y coser ropa. Expertos guías conducirían al ejército a través de las montañas.

A mediados de 1816, San Martín se instala en el campamento de El Plumerillo, ubicado al noroeste de la provincia de Mendoza, donde constituiría su Estado Mayor. La idea de San Martín incluyó un complejo plan para engañar al enemigo, difundiendo el rumor de que cruzaría los Andes por el sur, que era la zona más accesible. El grueso del ejército cruzó los Andes por los difíciles pasos de Uspallata y Los Patos. Debieron atravesar más de 500 km. de cordillera. 

Tropa

El Ejército de los Andes se formó con parte del Ejército del Norte y del Litoral, elementos remanentes del Ejército patriota chileno establecidos en Mendoza tras el desastre de Rancagua, y con un gran número de voluntarios cuyanos, negros esclavos y libertos. En total eran 5423 hombres. 

Transporte

Para el cruce llevaron caballos y mulas. Partieron 1600 caballos de pelea y 10.600 mulas de transporte. Regresaron 800 caballos y 3800 mulas aproximadamente. Fue la primera vez que se usaron herraduras en el ejército argentino. 

Armas

Llevaron 22 cañones, 1129 sables, 5000 fusiles de bayoneta y pistolones que sólo eran llevados por jefes y oficiales.

 Alimentación

La base de la alimentación del ejército era un plato regional llamado valdiviano. Este plato se hacía con carne seca o "charqui" machacado, grasas, rodajas de cebolla cruda, y agua hirviendo. Las columnas que llevaban los víveres iban a retaguardia. Transportaron más de 40 toneladas de charqui, galletas de maíz, vino, aguardiente (para disminuir el frío nocturno), ajo y cebolla (para combatir la inapetencia), soroche (para los que sufrían de apunamiento), ganado en pie, más de 4000 para el paso de Los Andes y el resto de la campaña (para la provisión de carne fresca), quesos y ron. 

Abrigo

Además de los uniformes, llevaron ponchos de San Luis, Argentina, frazadas y mantas de bayeta, una tela de lana de bajo precio; también llamada franela. El frío era tan intenso que los animales también fueron abrigados. Se los cubrió con mantas y no con paja como era habitual en esa época. 

 La salud del general

San Martín padecía de úlceras y durante muchos tramos del cruce y aquejado por sus dolencias, debió ser trasladado en camilla. Durante el regreso a Buenos Aires, luego del primer cruce, estas dolencias hicieron empeorar su salud.

 Bandera

A pedido de San Martín, las damas mendocinas cosieron una bandera, la que fue bordada a mano. Actualmente esta bandera se encuentra en la Casa de Gobierno de la provincia de Mendoza. 

El cruce

El 19 de enero de 1817 se inició el cruce de la Cordillera de los Andes. El Ejército de los Andes, formado en El Plumerillo (a 7 kilómetros de Mendoza), abandonó el campamento e inició el cruce de los Andes por los pasos de Los Patos y Uspallata. Estas vías abruptas aseguraban el factor sorpresa. El cruce duró 21 días. 5400 hombres guiados por baquianos atravesaron alturas superiores a los 4000 metros, llevando caballos y mulas.

El plan de campaña era dividir las tropas en dos columnas (principal y secundaria) y cuatro destacamentos. 

Principal: Estaba al mando de San Martín, Miguel Estanislao Soler y Bernardo O'Higgins. Avanzó por el paso de Los Patos. 

Secundaria: Estaba al mando de Juan Gregorio de Las Heras, que avanzó por la ruta de Uspallata. Las fuerzas principales llegaron al otro lado entre el 6 y el 8 de febrero.  

Las cifras del cruce

5423 hombres 28 km promedio de avance por día 800 km de frente de teatro de operaciones 3000 metros fue la altura media 40º C de diferencia térmicas entre el día (30º C) y la noche (-10º C) 

 (Obtenido de http://es.wikipedia.org/wiki/Cruce_de_los_Andes)

Comparación de dos hazañas

 En un trabajo publicado en la revista “Todo es Historia”, Nº 16 del mes de agosto de 1968, titulado “El paso de los Andes”, el historiador Guillermo Furlong S.J. detalló la epopeya andina que realizó el Padre de la Patria.Dice Furlong: “El general Leopoldo R. Ornstein que con tanto saber histórico y militar se ha ocupado del paso de los Andes, ha escrito que algunos tratadistas han establecido un parangón entre el paso de los Andes, con el de los Alpes por Aníbal, primeramente, y por Napoleón después. La similitud es muy relativa, por cuanto difieren en forma muy pronunciada las dimensiones y características geográficas del teatro de operaciones, como también los medios y recursos, con que fueron superadas en cada caso ambas cadenas orográficas. Esas diferencias son, precisamente, las que presentan la hazaña de San Martín como algo único en su género”.

En efecto: Aníbal cruzó los Alpes por caminos que, ya en esa época, eran muy transitados, por ser vías obligadas de intercambio comercial y aunque no pueda afirmarse que su transitabilidad fuese fácil, tampoco debe considerarse que pudiera representar grandes dificultades, puesto que el general cartaginés pudo llevar consigo elefantes, carros de combate y largas columnas de abastecimiento.San Martín atravesó los Andes por empinadas y tortuosas huellas, por senderos de cornisa, que sólo permitían la marcha en fila india, imposibilitado materialmente de llevar vehículos y debiendo conducir a lomo de mula su artillería, municiones y víveres, aparte de haber tenido que recurrir a rústicos cabrestantes e improvisados trineos para salvar las más abruptas pendientes con sus cañones. ¿Habría podido Aníbal fraquear las cinco cordilleras de la ruta de los Patos, escalando con elefantes y vehículos los 5.000 metros del paso Espinacito? Terminemos estas líneas -sigue diciendo Furlong- recordando cómo Vicente Fidel López nos dice que “los escritores alemanes de la escuela de Federico, en una época (1852) en que buscaban ejemplos y lecciones para su ejército, consideraron digno de ser estudiado el paso de los Andes, como un modelo, deduciendo de él enseñanzas nuevas para la guerra”.

En su artículo, Furlong realizó un gráfico comparando dos hazañas: El cruce de los Alpes por Napoleón y el cruce de los Andes por San Martín: 

NAPOLEÓN, conduce el grueso de su ejército por el Gran San Bernardo, salvándolo a 2.500 metros de altura, con todos sus vehículos y artillería, incluso la pesada. 

SAN MARTÍN, conduce el grueso de su ejército por la ruta de los Patos y traspone 5 cordilleras, de las cuales la más elevada es franqueada por el Espinacito, a 5.000 metros de altura, sin poder llevar ningún rodado. 

NAPOLEÓN, acompaña el avance principal con cuatro destacamentos secundarios: Destacamento Thurreau, por el Monte Cenis (3.600 metros). Destacamento Chabrán, por el Pequeño San Bernardo (2.200 metros). Destacamento Moncey, por el San Gotardo (2.100 metros). 

SAN MARTÍN, acompaña el avance principal con una división menor y cuatro destacamentos secundarios: División Las Heras, por los pasos Iglesia (3.400 mts.) y Bermejo (3.300 mts.). Destacamento Zelada, por el paso Come-Caballos (4.100 mts.).Destacamento Cabot, por el paso de Guana (4.200 mts.). Destacamento Lemos, por el paso Portillo y paso Pluquenes (4.500 mts.)Destacamento Freire, por el paso Planchón (3.800 mts.). 

Amplitud del frente de operaciones 

NAPOLEÓN: 160 kms.;

SAN MARTÍN: 800 kms.

El ancho de la zona montañosa cruzada por NAPOLEÓN fue de 100 kms., mientras que la cruzada por SAN MARTÍN, fue de 350 kms. 

Alturas máximas franqueadas 

NAPOLÉON: con el grueso, 2,500 mts., con destacamentos, 3.600 mts.

SAN MARTÍN: con el grueso, 5.000 mts., con destacamentos, 4.500 mts. 

Recorridos máximos y mínimos 

NAPOLEÓN: 280 y 135 kms., respectivamente.

SAN MARTÍN: 750 y 380 kms. respectivamente. 

NAPOLEÓN pudo contar con recursos: en la zona alpina existían varios centros poblados y valles con producciones diversas.

SAN MARTÍN no pudo contar con recursos: en la zona andina era total la ausencia de poblaciones. Los valles eran áridos sin productos de ninguna clase. 

[Tomado de: El Restaurador, nº 4, septiembre 2007, pág. 16]

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